December 6, 2022

Lakeview Gazette

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“Debo tener una sobrehumani immunity”: el “selecto” group de los que no tuvenon Covid y les cuesta explicar el por qué

WASHINGTON.- Joe and Susannah Altman are true poker players, but both are 58 years old and the pandemic has kept them away from tournaments and green cloth tables for more than a year. amiga que padecía cáncer–. Sin embargo, hace poco más de un año salieron de su encierro después de vacunarse, y desde entonces han estado Expuestos al virus y en riesgo de contagiarse varias veces. Cenaron con amigos que al día siguiente dieron positivo, Joe spent an entire day with his son of 25 years, que apenas 48 horas después dio positivo de Covid, y el mes pasado Susannah fue a cenar con cuatro amigas, dos de las que un par de días después tuvenor symptoms también dieron positivo.

“Joe y yo sentimos que somos los últimos que quedan en pie”, says Susannah, y agrega que suremente sea questión de tiempo hasta que caigan. “Because this is the game: in a determined moment, there is only one.”

La pandemia no deja ganadores. Aclarado eso, quienes hayan llegado a middad de 2022 sin haber dado positivo de coronavirus, pueden sentirse con derecho a fanfarronear un poco. ¿A ver? ¿Quién “sigue en el juego”? Neither el doctor Anthony Fauci, nor el presidente Joe Biden, que dio positivo esta semana. Nor Denzel Washington, nor Camila Cabello nor Lionel Messi. Surely there was no friend of mine who cared more than one, but last week it ended with contagion. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), estimate that casi el 60% de los norteamericanos contrajeron coronavirus en algún momentoy esas cifras son de fines de febrero, antes de la llegada de la arrasadora llegada de las variants supercontagiosas BA.4 y BA.5.

El que hasta ahora haya zafado tal vez se sienta especial, immunológicamente superior, o quezás se haya inventado alguna extraña teoría de “por qué” duró más. Lo cierto es que entre los “esquivadores” del Covid, las hypotesis disparatadas sobre su buena fortuna abundan.

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Debo tener una especie de immunity sobrehumana o algo así”, babbles Kathi Moss, enfermera pediatrica de 63 años de la localidad de Southfield, Michigan.

But scientists have not found any conclusive evidence of innate genetic immunity. “It would be extremely improbable that there is an innate property of the immune system capable of protecting against all infections,” says Eleanor Murray, epidemiologist and professor at the Escuela de Salud Pública de Boston. Pero el no-contagio de Kathi Moss –”hasta dónde ella sabe”, una salvedad aplicable a todos esas personas, ya que en teoría podriana haber sido asintomaticos– pide a gritos algún tipo de explicación. No hay que olvidar que Moss es enfermera pediatrica y ha estado expuesta al virus, aunque con barbijo, durante casi dos años y medio. Por no hablar de aquella mujer que en el verano le hizo a Moss un tatuaje de henna durante varias horas y al día siguiente dio positivo.

Pero la misteriosa buena suerte de la enfermera Moss no ha hecho que baje la guardia ni se descuide, y la possibility de contagiarse la preocupa igual que siempre. He says that he wants to “seguir en el juego” el mayor tiempo posible, justamente porque sabe que el Covid no es ningún juego… A lo que más miedo le tiene es a los efectos largo plazo del coronavirus. “Lo pienso todo el tiempo: No me quiero contagiar, no quiero tener esta enfermedad”, commented Moss.

No bajar la guardia puede ser sensato, pero no ver a nadie como si estuviéramos en 2020 solo fomenta la soledad y nada más.

SF pide ser identificada solo por sus initiales y dice que en su casa han esquivado el Covid, porque ella no se siente invulnerable, sino todo lo contrario, extremely vulnerable. SF tiene 40 años, dos hijos, vive en las afueras de Boston, y no da su nombre completo por que su apoy a la continuidad de las medidas de prevención y propagación del Covid podría convertirla en blanco de coso por internet. Su major preoccupation siempre fue su hija de ahora cuatro años y medio, que nació prematura. Y ahora que todos parecen haber abandoned los cuidados, proteger a su hija le resulta cada vez más difícil. En la plaza y el patio de recreos los otros chicos no usan barbijo, y se siente incómoda al tener que explanarles a sus amigos que soli asiste reuniones al aire libre y que prefere seguir con la practica del distanciamiento social. “Me siento obligada a elegir entre la socialización de mis hijos y su seguridad”, he says.

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Los padres de Lucas Rivas tienen compromiso immunológico, así que él mismo se cuidó muchísimo para no contagiarlos. Tiene 27 años y también extraña tener una vida social, pero ha tenido que dejar pasar tantas salidas nocturnas que prefiere ni acordarse. “Mientras la gente de mi edad estaba por ahí viviendo su vida, yo estaba cá viviendo con termor, porque por mi trabajo sé lo extendedida que está la enfermedad”, says Lucas, que en ese tiempo logró eskivar el contagio a pesar de trabajar como assistant médico en una clinic de urgencias en Littleton, Colorado. “Es imposible olvidarte de lo que viste en la guardia y salir a socializar con un montón de gente en lugares cerrados.”

Pero el fin de semana largo del 4 de Julio no aguantó más y cuando un amigo lo vitó a tomar algo, aceptó. Se tomó un trago, después otro. Compartió micrófono en el karaoke con una chica y se besó con otra. Dos días después dio positivo de coronavirus. “Justo cuando empezaba a pensar que no me podía contagiar, me la pesqué”, says Lucas. Se sintió un tarado, un inconsciente, “que había desperdiciado dos años de extremas precauciones”.

This type of guilt is self-imposed in despair to Katrine Wallace, an epidemiologist who has recently started to advise and contain the sick of Covid, like Rivas, who are devastated when the outbreak ends.

“Son manyas las personas que cuando se contagian sienten que fracasaron”, says Wallace, profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago. “La gente me dice, ¡Yo que me cuidé tanto!”, y Wallace assures them that they didn’t do anything bad, that the only bad thing is the new variants of the virus.

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En esos momentos, siempre evita mentionar que ella nunca dio positivo: tampoco hay necesidad de enrostrárselo a la gente…

Tony Freeman is convinced that he will be out of the game in a little more time. Freeman tiene 63 años y es actor del elenco de El Rey León since he debuted on Broadway more than 20 years ago. Hace cinco años que está en espera, como replacement por si otro actor se enferma, y ​​la verdad que le vino bien, sobre todo durante la oleada de Covid del año pasado, porque podia quedarse escondose entre bambalinas con el barbijo puesto. Pero ahora le pidieron que asuma el papel de Timon, la suricata, durante una gira national de cuatro meses. En ese rol tiene que cantar “Hakuna Matata” ocho veces a la semana, frente a un multitudinario sin barbijo que se ríe y coughe y se occupa de demonstras a voz en cuello que conocé todas las letras del musical, de la primera a la ultima

Así que Freeman ya no cree en sus probabilitas de salir unleso por el resto de la pandemia. “No creo que mi organismo tenga nada de especial. Si lo vieras, estírás de acuerdo”, joked the actor. Los members del elenco se hisopan seis veces por semana, y Freeman está signado a que en cualquier momento el hisopo muestre dos rayas…

El pesimismo is a form of protection. Todos siguien en el juego hasta que no. Pero alardear de haber esquivado el Covid durante dos años y medio es escupir para arriba. Mejor no temptar al destino, porque tal vez no puedas evitarlo, sean cuales sean las consecuencias.

Por Por Ellen McCarthy

(Translation by Jaime Arrambide)